Costa da Morte

Costa da Morte, la atracción del abismo

No hay acuerdo sobre los l√≠mites de la Costa da Morte: de Fisterra a Cabo Roncudo, seg√ļn unos; hasta Malpica, e incluso Arteixo, seg√ļn otros. Sea como fuere, hablamos de una de las riberas m√°s salvajes y genuinas del Atl√°ntico europeo: decenas de kil√≥metros de ensenadas, playas y acantilados, de mitos y leyendas, de belleza y de tragedia.

Cabo Vil√°n
Muxia

El nombre¬†Costa da Morte, sabido es, le viene de las muchas vidas arrebatadas por sus baj√≠os y temporales. Pero el v√≠nculo de esta tierra con la muerte es muy anterior al primer barco desaparecido. Tanto como los t√ļmulos funerarios que salpican su geograf√≠a hasta el borde del Mare Tenebrosum, el mismo mar donde celtas y suevos situaban el m√°s all√°, pues el Sol, en su c√≠clico naufragio, congregaba las almas de los difuntos.

Dolmen de Dombate
Dolmen de Dombate

Hay algo at√°vico que nos empuja hacia el abismo. Desde los constructores de megalitos a los romanos, los fenicios, celtas, germ√°nicos‚Ķ todos llegaron a esta costa para encontrar el fin de la tierra. Se habla, en efecto, de un camino m√°s antiguo que el de Santiago, siguiendo el tr√°nsito del Sol durante el d√≠a y la estela de la V√≠a L√°ctea por la noche. Un viaje que alent√≥ la imaginaci√≥n de nuestros antepasados y que culminaba precisamente aqu√≠, donde se ergu√≠a la legendaria Ara Solis, destruida seg√ļn la tradici√≥n por el propio Ap√≥stol.

Castro de Borneiro

Y es que el rastro jacobeo alcanza hasta Fisterra y Mux√≠a, verdaderos finales del camino para muchos peregrinos. El mito cristiano se asienta, no obstante, sobre una cultura popular profundamente arraigada. Y as√≠, la devoci√≥n por la Virxe da Barca convive con las f√°bulas sobre los mouros constructores de castros, como el de Borneiro o el de Mour√≠n. Y el recuerdo de Dugium, la ciudad anegada por renunciar a la verdadera fe, no empa√Īa el de los santuarios c√©lticos del monte Nerium o el Facho. Las piedras con poderes curativos ‚ÄĒuna clara reminiscencia pagana‚ÄĒ se veneran junto a la Ermita de San Guillermo o Nosa Se√Īora da Barca‚Ķ Miles de a√Īos de creencias entremezcladas, de pueblos que van y vienen, y un √ļnico tel√≥n de fondo: la temible y seductora Costa da Morte.

Nosa Se√Īora da Barca

A√ļn pervive esa atracci√≥n ancestral. El visitante encontrar√° hoy otros reclamos para adentrarse en esta tierra, empezando por su singular belleza. La Costa da Morte ha sido declarada Lugar de Importancia Comunitaria por la magn√≠fica conservaci√≥n de su litoral, y esconde tesoros como los Penedos de Pasarela y Traba, las salvajes Illas Sisargas o la villa de Corcubi√≥n, reconocida como Conjunto Hist√≥rico-Art√≠stico.

Penedos de Pasarela y Traba

Costa da Morte con su entorno natural constituye un espacio id√≥neo para todo tipo de actividades al aire libre: rutas ecuestres, kayak, escalada, surf… por no mencionar el Cami√Īo dos Faros, una ruta de senderismo de doscientos kil√≥metros en ocho etapas, ideal para apreciar toda la espectacularidad de los acantilados, playas, marismas y r√≠as.

Faro Roncudo

Los menos aficionados a caminar, o aquellos que prefieran una perspectiva diferente, pueden conocer la costa desde el agua gracias a las embarcaciones que realizan traves√≠as guiadas. Adem√°s de brindar un paisaje √ļnico, el viaje en barco permite asomarse a la cultura local, tan √≠ntimamente ligada a la pesca y el marisqueo. No en vano la Costa da Morte ofrece una de las gastronom√≠as m√°s reconocidas de toda Galicia: lubina, rape, rodaballo, pulpo, n√©cora, bogavante, centollo‚Ķ y los mejores percebes del mundo. La cosecha del mar es aqu√≠ verdaderamente excepcional.

Marisco

Son muchos los encantos, desde luego. Pero la Costa da Morte sigue estando en el conf√≠n de la tierra. Y eso, por fortuna, la sit√ļa lejos del foco. En sus pueblos todav√≠a es posible retroceder al ritmo pausado de otra √©poca, a la tradici√≥n marinera y a las labores artesanas que son parte de su identidad. Tanto como la imagen del sol hundi√©ndose en un oc√©ano sin l√≠mites. La misma imagen que, probablemente, cautiv√≥ al primer hombre que lleg√≥ a asomarse al Fin del Mundo.

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Muxia

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Este tramo costero est√° considerado como uno de los m√°s peligrosos de la Pen√≠nsula debido a que la fuerza del mar y los frecuentes temporales hacen muy dif√≠cil su navegaci√≥n. Tan fat√≠dico y aterrador nombre se debe a los incontables naufragios que se produjeron en esta costa a lo largo de la historia. Curiosamente, el t√©rmino ‚ÄúCosta da Morte‚ÄĚ no es gallego. En realidad fue una escritora inglesa, Annette Meaking, la que as√≠ la bautiz√≥ a principios del siglo XX, conmocionada por las espantosas muertes que hab√≠a sufrido la marina inglesa. Algunos de los naufragios m√°s sonados son el del acorazado Captain de la Royal Navy en 1870, en el que perecieron m√°s de 400 marineros, o el Serpent, en 1890, con 175 v√≠ctimas.

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Aun en el caso de aborrecer la poes√≠a, la literatura puede ayudar -y mucho- cuando te decides a quemar rueda o zapatilla en la Costa da Morte. Algunos autores gallegos se inspiraron en lo escarpado de su relieve para dar forma a sus renglones. ¬ŅPor ejemplo? Eduardo Pondal. Seas o no gallego, Pondal te sonar√° de o√≠das: es el autor del himno de nuestra comunidad aut√≥noma. Probablemente tampoco haga falta que te ponga en situaci√≥n al mencionar la Costa da Morte. S√≠, es ese segmento del litoral coru√Ī√©s cuya historia est√° aderezada con crudel√≠simos relatos de naufragios que inducen al tembleque o a la pesadilla. Y s√≠, tambi√©n es cierto que se ha discutido -y se discute- mucho sobre d√≥nde est√°n sus fronteras.