Río Tea: Viaje histórico por el corazón de Galicia

En el corazón de Galicia, el río Tea se despliega como un hilo conductor a través de paisajes cargados de historia, naturaleza exuberante y una rica herencia cultural. Desde las imponentes fortalezas que se erigen en sus márgenes hasta los tranquilos balnearios que aprovechan sus aguas curativas, el río Tea ofrece una travesía única por el tiempo y el espacio. Este artículo te invita a embarcarte en una exploración a lo largo de este emblemático río gallego, descubriendo los tesoros que han sido moldeados por su curso a lo largo de los siglos. Prepárate para un viaje que conecta la historia, la leyenda y la belleza natural, todo ello enmarcado por el río Tea, protagonista de nuestro relato.

Fran Zabaleta
Dirección y fotografía: Pío García

Río Tea

La Fortaleza de Sobroso: Vigilante del pasado

Ahí la tienes: a sus pies comienza nuestra ruta de hoy, ante esta fortaleza encaramada al monte Landín como un obstinado vigía que se resiste a abandonar su puesto, dominando el entorno y las serpenteantes aguas del río Tea. Detente un momento. Contémplala así, desde la lejanía, rodeada de esa frondosidad verde que la abraza. Imagina cómo era hace siglos, cuando esta tierra estaba cubierta por bosques y arroyos de aguas transparentes, cuando en la espesura acechaban osos, jabalíes, lobos y otras criaturas que es mejor no nombrar. Imagina el estrépito de las espadas, el bullicio de la vida cotidiana. Y, ahora, presta atención. Antes de traspasar sus muros, permíteme que te cuente su historia…

Río Tea

La primera mención de la fortaleza de Sobroso es del año 982 o 983. Por aquel entonces la nobleza gallega andaba enredada en luchas dinásticas, y en este valle se enfrentaron los partidarios de los dos aspirantes al trono, Bermudo II y Ramiro III. Ambos llegaron a reinar, Ramiro primero y Bermudo después. Y fue precisamente bajo este último cuando se produjo un hecho que quedó grabado en la memoria de las generaciones posteriores: la expedición de Almanzor que, en 997, asoló el noroeste peninsular.

Río Tea

Dicen que Almanzor, en su camino hacia Santiago, se detuvo en Ponteareas y envió una expedición a Sobroso, pues el caudillo musulmán no quería dejar tras de sí fortalezas que pudieran servir de refugio a sus enemigos. Al llegar a este castillo, sus hombres encontraron las puertas abiertas y las estancias vacías. Se apoderaron de él, y todavía estaban instalándose cuando escucharon una hermosa canción. Registraron la fortaleza y se encontraron con un viejo ciego que entonaba una cantiga con ayuda de una zanfona. Los musulmanes, creyendo que no paraba de cantar por menosprecio, le cortaron la cabeza y las manos y las arrojaron por las murallas. 

Río Tea

Poco después llegó Almanzor y se reunió con sus lugartenientes en una estancia de la torre. Allí estaban cuando, de súbito, se escuchó una vez más la misma melodía. Al instante comenzaron a registrar la fortaleza, creyendo ser víctimas de una burla, hasta que al fin, cuando ya desesperaban, uno de ellos se asomó por las murallas. Y allí descubrieron con asombro que la canción salía de la cabeza del ciego, y que sus manos cortadas tañían la zanfona.

Pero volvamos a nuestra historia. En el siglo XII, Sobroso volvió a ser escenario de guerras, esta vez entre doña Urraca y los partidarios de su hijo Afonso, el que luego sería el primer rey de Portugal. Cuentan que Urraca se vio obligada a huir de este castillo asediado por un pasadizo que, al parecer, conducía a orillas del río Tea, a unos dos kilómetros de distancia. 

Fortaleza de Sobroso

Años después, la fortaleza fue el escenario elegido por el rey de Portugal, Dinis I, para celebrar su enlace con la infanta Isabel, hija de Pedro III de Aragón. A partir de este momento, el castillo aparece y reaparece en las crónicas con cierta frecuencia. Pasa de uno a otro señor, de los Sarmiento de Ribadavia a los Soutomaior de Pontevedra, hasta que la Gran Revuelta Irmandiña de 1467 lo derribó, como simbolo de la opresión feudal. Sin embargo, los irmandiños fueron derrotados y aquí está el castillo de nuevo, prueba de que volvió a alzarse otra vez…

Desde entonces, Sobroso dejó de desempeñar una función relevante en la historia de Galicia y solo aparece mencionado muy de cuando en cuando en las crónicas, hasta que en 1981 fue comprado por el municipio de Ponteareas, que lo restauró y abrió el Centro de Recuperación y Difusión de la Cultura Popular que ahora alberga.

Fortaleza de Sobroso

Castro de Troña: Huellas de antiguos moradores

A un tiro de ballesta del castillo de Sobroso, tras pasar la cima del monte Landín, se halla el castro de Troña, otro punto singular de la ruta que hoy nos ocupa. Se alza el castro sobre el ancho valle que recorre el río Tea. Desde su cima, en otros tiempos, antes de que crecieran los eucaliptos, podía divisarse un amplio territorio. 

Castro de Troña

El castro de Troña estuvo ocupado largo tiempo, desde el siglo VI a.C. hasta la segunda centuria tras la conquista romana. En su momento debió de ser un castro imponente, a juzgar por su poderoso sistema defensivo que cuenta con dos murallas, foso y parapeto. También se han encontrado otras construcciones de uso común, como aljibes o almacenes de grano. En las excavaciones realizadas se han podido atestiguar relaciones comerciales con lugares muy alejados, a juzgar por los restos de cerámicas de importación, objetos de bronce, joyas o incluso monedas acuñadas en cecas de la Galia y de otras ciudades del Imperio Romano. 

Castro de Troña

Hoy, la zona central del castro sigue ocultándonos sus tesoros, pues sobre ella se edificó en el siglo XVIII una capilla en la que los vecinos de la zona celebran una romería una vez al año. Pero quizá sea mejor así… 

Castro de Troña

Mondariz Balneario: Refugio de aguas curativas

Todavía con la imaginación rebosante de la magia de los antiguos pobladores castreños, unos kilometros más adelante nos encontraremos con Mondariz Balneario, el municipio de menor extensión de España, apenas dos kilómetros cuadrados. Fue segregado en 1924 del ayuntamiento de Mondariz debido a su éxito como centro balneario. Y es que esta es una tranquila población de casas señoriales que respira historia por cada poro, pues en ella se encuentra el Balneario de Mondariz, buque insignia del termalismo gallego desde su inauguración en 1873. 

Mondariz Balneario

La fuerte vinculación del dictador Primo de Rivera con el balneario, al que solía acudir para beneficiarse de sus aguas, hizo que se convirtiera en lugar de veraneo de muchos miembros del Gobierno e incluso llegaron a celebrarse aquí consejos de ministros. Por aquel entonces, el balneario reunía cada año a artistas, políticos, pensadores y miembros de la alta burguesía industrial. En 1933 el municipio contaba con una potente oferta turística y hotelera, nada menos que 16 hoteles y  unas 15 casas de huéspedes. Un esplendor que se vio truncado por la Guerra Civil, cuando el Gran Hotel fue empleado como hospital militar y como colegio regido por los jesuitas.

Mondariz Balneario

La afluencia de visitantes decayó de forma radical y Mondariz Balneario languideció, proceso acelerado por el incendio que devoró el Gran Hotel en 1973. Solo en la última década del siglo XX comenzó, con la recuperación pública de los edificios del balneario, a renacer su pasado esplendor. 

Fuente de Gándara

Naturaleza y cultura a orillas del Río Tea

Pero Mondariz está llena de agradables sorpresas. Además del actual Palacio del Agua en el que podremos disfrutar de los más beneficiosos tratamientos termales, un paseo por la localidad nos descubrirá lugares dotados de un especial encanto, como su playa fluvial, bulliciosa y repleta de vitalidad en los meses de verano, o el relajante paseo fluvial que bordea las riberas del Río Tea.  

Playa fluvial de Mondariz Balneario

El Puente de Cernadela: Legado Romano en Galicia

A pocos kilómetros de Mondariz Balneario, tras dejar atrás a su hermana Mondariz, el río Tea nos conduce hacia otro testimonio de la larga historia de estos valles: el puente romano de Cernadela. Este puente, por el que pasaba una importante vía romana, la XVIII del itinerario de Antonino Pío que comunicaba Braga con Lugo a través de Iria Flavia, se erige como un vínculo histórico cerca del río Tea. Reformado en el siglo XV, consta de cinco elegantes arcos de estilo ojival que contrastan con el central, de medio punto, un diseño que despierta la curiosidad de quienes lo visitan, subrayando la continua presencia del río Tea en la configuración del paisaje y la historia local. 

Río Tea y puente de Cernadela

Sorprende al caminante encontrarse con que el piso del puente sigue estando formado por las piedras originales, testimoniando el paso de las legiones romanas hace dos siglos, una evidencia más de cómo el río Tea y sus alrededores han sido escenario de tránsito y asentamiento a lo largo de los siglos. Más de un patricio romano, o quizás algún noble medieval, pudo alojarse aquí, en cualquiera de las dos edificaciones que servían como posadas y para abastecimiento de los carruajes que todavía se conservan, otro capítulo de la rica historia que el río Tea ha presenciado. 

Puente de Cernadela

Rectoral de Barciademera: Joya del Barroco Gallego

Terminamos nuestra ruta de hoy en la rectoral de Barciademera, en Covelo, un enorme pazo abacial que sorprende al visitante por los imposibles adornos de influencia azteca que coronan su fachada barroca o por la primorosa labra de su chimenea. De hecho, este edificio forma, con la iglesia de San Martiño, el atrio, el cementerio y la capilla de San Xoán do Mosteiro, uno de los conjuntos monumentales más destacados del barroco gallego. 

La Iglesia parroquial de San Martiño de Barciademera

La Iglesia parroquial de San Martiño de Barciademera es, en efecto, un sorprendente ejemplo de arte barroco. Situada a un nivel más bajo que la rectoral, lo primero que nos encontramos al acercarnos es el amplio atrio, al que se puede acceder mediante escaleras situadas en dos sectores distintos. La construcción del edificio parece responder al mismo proyectista y patrocinador que levantó el pazo anexo.

Rectoral de Barciademera

Con estas arquitecturas en las pupilas, y el serpenteante río Tea siempre presente en nuestro recorrido, terminamos hoy una ruta por el corazón de Galicia. Este viaje nos ha llevado, en apenas unos kilómetros a lo largo del río Tea, de la prehistoria a la edad media, desde allí al siglo XVIII y de ahí a los felices años veinte. Todo un viaje en el tiempo a través de unas tierras bañadas por el río Tea que, quién lo diría, parecen dormitar apaciblemente, como si tantos acontecimientos no fueran con ellas…

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