Las mejores rutas de senderismo de los Picos de Europa: la garganta del Cares

Mar√≠a √Ālvarez
Fotografía: Pío García

La garganta del Cares

Divina garganta del Cares

Se acercaba un fin de semana largo y el aire ol√≠a a primavera. Ya sab√©is, ese olor inconfundible a hierba h√ļmeda y flores menudas. Hac√≠a d√≠as que sent√≠a mi c√°mara de fotos observarme, inquieta, desde la estanter√≠a del estudio. Me miraba con su ojo de c√≠clope, apagado por la tapa negra que protege la lente.

Posada de Valdeon - Leon
Posada de Valdeon - Leon

Tanto ella como yo necesit√°bamos desperezarnos del invierno y renovar el esp√≠ritu. ¬ŅQu√© mejor forma de hacerlo que tom√°ndonos un respiro de la vida entre edificios y coches? El recuerdo de una recomendaci√≥n hecha por una amiga me sorprendi√≥ mientras esperaba, un d√≠a m√°s, en el atasco de la ma√Īana: el Parque Nacional de los Picos de Europa y la ruta del r√≠o Cares. Probablemente sea una de las m√°s conocidas de la cordillera Cant√°brica y a√ļn no hab√≠a tenido la oportunidad de recorrerla.

Posada de Valdeon - Leon
Posada de Valdeon - Leon
Posada de Valdeon - Leon

Siempre pensé que caminar es uno de los actos más aparentemente banales que el ser humano puede hacer. Tal vez por eso me fascine tan intensamente. En una sociedad que reclama que seamos constantemente productivos y estemos siempre al día, dedicar un fin de semana a hacer una ruta de senderismo es casi una forma de resistencia. Cuando uno camina, la mente se abre a nuevos pensamientos y sensaciones. Especialmente si lo hace en un entorno donde la naturaleza es la reina de todo lo que nuestra vista puede abarcar. Para mí, no hay mejor bálsamo cuando la rutina pesa. Una razón más para coger cámara, mochila y carretera en dirección a León.

Posada de Valdeon - Leon

Una ruta por las entra√Īas de los Picos de Europa

Antes de contaros los detalles de mi experiencia en la llamada ¬ęgarganta divina¬Ľ del r√≠o Cares, te voy a situar un poco.
El sendero transita entre el valle de Valde√≥n, en la provincia de Le√≥n, y la localidad asturiana de Poncebos. Podemos escoger entre hacer la ruta completa, que parte del pueblo de Posada de Valde√≥n, o la m√°s popular, que parte de Ca√≠n. La primera tiene un total de veinti√ļn quil√≥metros, mientras que, si escogemos la segunda opci√≥n, acortaremos el recorrido a doce. Esta es ideal para quien est√© buscado una ruta m√°s accesible, que se pueda realizar sin mucho esfuerzo.

Garganta del Rio Cares - Leon

Inicialmente fue un camino de cabras hasta que, a comienzos de siglo XX, se ampli√≥ para poder abastecer a la central hidroel√©ctrica de Poncebos. Una segunda intervenci√≥n, entre 1945 y 1950, le dio su configuraci√≥n actual. Con ayuda de dinamita, se crearon los famosos t√ļneles entre la roca y el desfiladero. Caminando por ellos podemos imaginar f√°cilmente la odisea por la que pasaron los trabajadores: luchando contra el v√©rtigo, la climatolog√≠a y la muy probable falta de material de seguridad, ten√≠an que suspenderse de cuerdas para poder realizar su labor en un paraje tan inaccesible.

Garganta del Rio Cares - Leon

Hoy podemos disfrutar de los secretos tan bien guardados por estas monta√Īas con mucha m√°s tranquilidad y sosiego, ya que la ruta del Cares es apta para personas con poca experiencia en senderismo. Solo necesitamos calzado c√≥modo, agua, algo para comer durante el camino y ganas de dejarnos llevar por el paisaje.

Garganta del Rio Cares - Leon

El valle de Valde√≥n: calma entre monta√Īas

Comenzar el fin de semana explorando el valle de Valde√≥n y sus peque√Īas poblaciones fue, sin duda, un acierto.
Nada m√°s bajarme del coche en la localidad central, Posada de Valde√≥n, mis pulmones se llenaron de aire de monta√Īa. Mir√© a mi alrededor mientras sent√≠a un ligero mareo. Siempre me pasa lo mismo cuando viajo a lugares donde la naturaleza a√ļn no ha sido conquistada por el cemento y las cadenas de supermercados. Mi cuerpo de Homo sapiens urbanita necesita un periodo de adaptaci√≥n.

Posada de Valdeon - Leon

Un par de bocanadas despu√©s pude sentir la felicidad de mis pulmones y mis ojos relaj√°ndose. Nada mejor que perder la mirada en el valle y las monta√Īas para descansar de la sobrecarga diaria de pantallas. Y ahora, ¬Ņpor d√≥nde empezar mi visita?
Decid√≠ que lo mejor ser√≠a dejarme llevar por mis pies y las calles sinuosas del pueblo. Posada de Valde√≥n es peque√Īo, pero no por ello falto de encantos. Cuenta con un patrimonio etnogr√°fico envidiable, en el que destacan ocho h√≥rreos construidos en madera y piedra, la iglesia de Santa Eulalia y la ¬ęCasa de Humo¬Ľ. Esta √ļltima es una de las construcciones m√°s antiguas del valle y debe su nombre a que la lumbre se prend√≠a en el suelo de la √ļnica habitaci√≥n de la casa, llen√°ndola de humo.

Posada de Valdeon - Leon

Cuando termin√© de recorrer el pueblo, el sol aun brillaba y se reflejaba en la superficie del Cares, que discurr√≠a tranquilamente. Me acerqu√© al cauce para dejar que mis pensamientos se perdiesen en las aguas de la monta√Īa. Sentado en la hierba, pens√© que por hoy no necesitaba nada m√°s. Simplemente disfrutar de algo tan sencillo como cerrar los ojos y dejar que el sonido del r√≠o me hablase.

Posada de Valdeon - Leon

T√ļneles y puentes sobre el r√≠o Cares

Después de mi primer día de aclimatación al ritmo pausado del valle, había llegado la hora de meterme en la boca del lobo.
Por la ma√Īana me despert√© temprano. Cuando la alarma de mi tel√©fono son√≥, mis ojos se abrieron y me impuls√© fuera de la cama con la agilidad de un bailar√≠n de ballet (en fin, al menos eso es lo que me pareci√≥ a m√≠). Estaba realmente entusiasmado, deseando ponerme en marcha. Prepar√© una escueta mochila para poder caminar ligero. Antes de salir de la casa rural donde me alojaba, tom√© un copioso desayuno a base de pan r√ļstico con queso de la localidad.

Posada de Valdeon - Leon

Me puse en marcha cuando el sol empezaba a salir. Una vez pasada la presa, el r√≠o comienza a encajonarse y aparecieron los primeros t√ļneles horadados en la roca, un adelanto de lo que me esperaba el resto de la jornada. Por fin me encontraba en la ¬ęgarganta divina¬Ľ.

Garganta del Rio Cares - Leon

Cada vez que sacaba una fotograf√≠a del sendero y el r√≠o, las rocas surg√≠an como marco inesperado. Cada t√ļnel y recoveco encuadraba el paisaje salpicado de √°rboles y arbustos. A veces pienso que fotografiar se parece un poco a pintar cuadros. Como si estos estuviesen escondidos en la naturaleza y con mi c√°mara tuviese que encontrarlos.
Mientras pensaba y me dejaba llevar por el ritmo milenario del paisaje, el Cares, allá abajo, cantaba su repetitiva e hipnótica canción.

Garganta del Rio Cares - Leon

As√≠, arrullado por el r√≠o y escoltado por las monta√Īas, llegu√© hasta el puente de Rebecos. Me detuve por un momento, en medio de aquella exigua estructura, para tomar una buena bocanada de aire. Otra vista de la garganta se desplegaba delante de m√≠. Si algo no le falta a estas monta√Īas son √°ngulos, aristas y perspectivas m√ļltiples. Un paisaje siempre sutilmente cambiante.

Garganta del Rio Cares - Leon

Comenzaba a tener algo de hambre y mis piernas pedían un poco de tregua. No muy lejos se encontraba Culiembro, una antigua caseta para los guardias de la central hidroeléctrica. Allí hice un alto para descansar. Me quedaba, más o menos, la mitad del recorrido.

Garganta del Rio Cares - Leon

El Cares asturiano

El resto del camino no decepcion√≥. Pasada la Portiella, entr√© en el Principado de Asturias y el desfiladero comenz√≥ a ensancharse. Antes de llegar a Poncebos tuve que hacer un peque√Īo esfuerzo para encarar el √ļnico tramo ascendente, la zona los collaos. Una vez se llaga al punto m√°s alto de la ruta, el resto es un descenso m√°s que agradecido hasta llegar a la localidad asturiana que pone fin al trayecto.

Garganta del Rio Cares - Leon

Aun no os he hablado de mis inesperadas compa√Īeras de viaje, ¬°las cabras! Las vi varias veces a lo largo del d√≠a, desafiando las paredes escarpadas del desfiladero. Ensimismadas en su b√ļsqueda de hierba apetitosa, saltaban por las rocas como si las leyes de la gravedad no fuesen asunto suyo. Sin duda, ellas son las verdaderas guardianas de la ruta, as√≠ que dej√© que continuasen su labor mientras las envidiaba secretamente.

Garganta del Rio Cares - Leon

Llegu√© a Poncebos cansado despu√©s de casi cuatro horas disfrutando de la calma y recogimiento al que invita la caminata. Estaba satisfecho y sent√≠a el suave dolor de mis piernas como una recompensa. Mi mente flotaba pac√≠ficamente mientras pensaba en el efecto bals√°mico que hab√≠a ejercido el Cares en m√≠. No cab√≠a duda de que caminar en las entra√Īas del Parque Nacional de los Picos de Europa hab√≠a sido una experiencia divina.

Garganta del Rio Cares - Leon