Opatija, encanto imperial junto al Adriático

Dicen que para entender un lugar lo primero es recorrerlo a pie, empaparse de su historia y contemplar sus paisajes. Así lo hice durante mi breve estancia en Opatija, una parada en mi recorrido por Croacia, que me permitió descubrir su esencia caminando por el Lungomare, el emblemático paseo marítimo de esta elegante ciudad adriática.

Fotografía: Pío García

El nombre «Opatija» resuena desde que das los primeros pasos por el Lungomare, ese paseo marítimo que acaricia la costa mientras las suaves olas del Adriático susurran al oído del viajero.

Construido en el siglo XIX, este icónico paseo, oficialmente conocido como Paseo Franz Joseph I, se extiende por unos 12 kilómetros conectando Opatija con pueblos cercanos como Volosko y Lovran.

Opatija

Durante el recorrido, se pueden observar majestuosas villas construidas en la época austrohúngara, jardines meticulosamente cuidados, y lugares imprescindibles que reflejan la elegancia de una época dorada, cuando la nobleza europea convertía a Opatija en su refugio predilecto.

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Comienzo mi ruta por Lido Beach Opatija, un exclusivo complejo situado junto al mar que ofrece terrazas panorámicas, piscinas y áreas de descanso, donde se puede disfrutar de una vista privilegiada hacia las islas del golfo de Kvarner.

Villa Angiolina: el corazón histórico de Opatija

A pocos pasos se encuentra el Museo Villa Angiolina, fundado en 1844 por Iginio Scarpa, un comerciante italiano que estableció esta villa como lugar de reunión para la élite europea.

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Considerado el corazón cultural de Opatija, este museo no solo alberga documentos históricos y valiosas obras de arte, sino que también expone vestigios de la flora original de la región en sus jardines botánicos, con especies exóticas traídas especialmente para recrear el ambiente romántico y sofisticado del siglo XIX.

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Además, las exposiciones temporales, frecuentemente actualizadas, ofrecen una visión profunda sobre la evolución cultural y social de la ciudad, permitiendo al visitante viajar en el tiempo y comprender mejor el esplendor aristocrático que caracterizó a Opatija en su época dorada.

El parque Opereta, con sus caminos floridos y su aire vintage, es una parada casi obligatoria para apreciar la tranquilidad que antaño buscaba la aristocracia europea.

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Antes de seguir, admiro el Hotel Kvarner, el más antiguo de la costa Adriática, inaugurado en 1884, cuya arquitectura refleja el esplendor turístico del pasado y ofrece un vistazo único al lujo y elegancia de los primeros visitantes de esta joya croata.

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Siguiendo el Lungomare, llego hasta la Iglesia de St. James, construida originalmente en el siglo XV y reconstruida varias veces hasta obtener su apariencia actual, siendo un símbolo de los primeros tiempos de Opatija como destino turístico de la aristocracia europea. Su fachada neobarroca y su ambiente sereno evocan aquellos días de lujo y reposo.

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Muy cerca, el Pabellón de arte Juraj Šporer, que inicialmente fue un café de élite y luego un espacio dedicado a eventos culturales, ahora ofrece exposiciones dinámicas donde la tradición artística croata convive armoniosamente con expresiones contemporáneas. Pasear por sus salas amplias y luminosas es adentrarse en el alma cultural y artística de Opatija.

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Esculturas en el Lungomare: símbolos del alma de Opatija

Las estatuas que adornan el Lungomare aportan encanto y significado al recorrido. La famosa estatua de la joven con una gaviota, conocida como «La Doncella con la Gaviota», es un símbolo de esperanza y tranquilidad, y se ha convertido en el emblema visual de la ciudad. Un poco más allá, la estatua del pescador recuerda la conexión profunda e indisoluble entre Opatija y su tradición marítima.

Opatija
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Continuando el paseo, encuentro el Paseo de la fama de Croacia, inaugurado en 2005, donde destacan las estrellas dedicadas a reconocidos deportistas, artistas y científicos croatas que han dejado una huella imborrable en la historia nacional e internacional. Este lugar es un homenaje viviente a los logros y aportaciones de estas destacadas personalidades.

Opatija
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Finalizo esta caminata disfrutando un café en la Plaza de Opatija, observando la vida cotidiana y apreciando la arquitectura característica que define la ciudad: villas históricas de estilo austrohúngaro, fachadas elegantes y jardines cuidados que reflejan una época dorada.

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Sabores de Opatija: un festín entre el mar y la tradición

La gastronomía de Opatija también merece una mención especial. La ciudad, ubicada a orillas del Adriático, goza de una cocina que fusiona ingredientes del mar con productos frescos del interior, resultando en una oferta variada que seduce tanto a locales como a viajeros.

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En mi última noche, elegí cenar en un restaurante tradicional ubicado cerca de la costa. Me dejé tentar por un risotto negro con sepia, uno de los platos estrella de la región, acompañado de un vino blanco Malvazija, típico de Istria. No faltaron tampoco los sabores del mar: mariscos frescos, calamares a la parrilla y pescados cocinados con hierbas locales. Todo servido con la calidez y el cuidado característicos de la hospitalidad croata.

La experiencia no fue solo gastronómica, sino también sensorial: el murmullo del mar cercano, la luz tenue de la terraza y la conversación pausada con los anfitriones completaron un cierre perfecto para mi breve, pero intensa, estancia en Opatija.

Opatija

Así es Opatija: una mezcla perfecta entre la serenidad del mar Adriático, la riqueza histórica heredada de la época imperial austrohúngara, y una arquitectura elegante que evoca el lujo y el refinamiento del pasado.

Sus calles ofrecen al visitante momentos para la contemplación, la cultura y el disfrute gastronómico, en un entorno donde cada rincón guarda una historia que contar.

Opatija es, sin duda, una ciudad que invita siempre a volver para descubrir nuevos matices y seguir disfrutando de su belleza atemporal.

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