Guía de viaje a las Azores: Terceira

Marcos González Penín
Fotografía: Pío García

Fue la tercera isla de las Azores en ser descubierta, es la tercera en superficie… Resulta habitual cometer el error de relegar a Terceira a un segundo plano cuando nos acercamos a descubrir las islas portuguesas. Yo mismo he de confesar que tras tomármelo con calma en San Miguel apenas reservé un día y medio para recorrer su hermana pequeña. 

Pensé, iluso de mí, que sería suficiente: al fin y al cabo los dos extremos más distantes de Terceira están a menos de cuarenta minutos en coche. Pero pronto comprobaría que la grandeza de esta isla no se mide en kilómetros. Solo me dio tiempo a rascar la superficie de todo lo que hay que ver en Terceira, un cambiante microcosmos capaz de sorprenderme con paisajes nunca vistos y al mismo tiempo hacerme sentir como en casa. 

Terceira Azores

El cráter inesperado

Inicialmente, uno de mis principales alicientes para visitar Terceira es contemplar de primera mano los resultados visibles de su turbulenta historia geológica. He leído que en su pequeño territorio se superponen nada menos que cuatro viejos volcanes, incluso ha dado nombre al Terceira Rift, el punto de conexión entre las placas tectónicas euroasiática y africana. 

Reserva Natural Geológica Algar do Carvão Azores Terceira

Así que en cuanto desembarco recojo con prisa mi coche de alquiler y me lanzo en busca de un paisaje que me haga sentir que estoy caminando sobre un volcán. Me adentro en la gigantesca Caldeira de Guilherme Moniz, un cráter de quince quilómetros de diámetro que ocupa una parte importante del centro de la isla e integra entre otras atracciones la famosa Reserva Natural Geológica Algar do Carvão.

Reserva Natural Geológica Algar do Carvão Azores Terceira

En seguida me doy cuenta de que el paisaje volcánico que busco no va a ser como lo imagino. En este enorme cráter no hay rastro de páramos rocosos ni áridas laderas, lo que me rodea es una naturaleza casi exuberante, con llanuras y pequeñas colinas cubiertas por completo por los grandes brezos endémicos de las Azores, como si alguien se hubiera esforzado a conciencia para tapar con sus hojas cada centímetro de roca volcánica.

La tierra humeante

Pero yo estoy empeñado en encontrar pruebas de que me encuentro sobre un antiguo volcán. Así que le digo al GPS que me lleve a las cercanas Furnas do Enxofre, unas populares fumarolas donde la tierra expulsa vapor de agua y gases sulfurosos a altas temperaturas. 

Furnas do Enxofre Terceira Azores

Y una vez más, lo que me encuentro no es lo que esperaba. Un estrecho sendero discurre entre una vegetación abundante, ofreciéndome un entorno tan agradable que me hace pensar que quizás me he equivocado, que lo del volcán es un cuento para turistas y aquí no hay ninguna fumarola. 

Furnas do Enxofre Terceira Azores

Hasta que de repente percibo en el aire un tenue e inconfundible olor a azufre. He llegado a una zona donde las plantas que me rodean no han conseguido imponerse, donde unas rocas de tonos blancos y rojizos resaltan en el medio de un mar de verde. De ellas sale la humareda blanca que venía buscando, girando por un momento en el aire de la mañana antes de desvanecerse, ofreciéndome la prueba visible del calor que todavía hoy desprende la tierra bajo mis pasos. 

Furnas do Enxofre Terceira Azores

Serreta, de vacas e imperios

Es lo que necesitaba para satisfacer mi curiosidad volcánica, me siento libre para continuar mi viaje hacia el oeste por una isla que se va metamorfoseando ante mí en cuestión de minutos. Cuando ya me había acostumbrado a las laderas cubiertas de arbustos, estas dan paso a una sucesión interminable de pequeños campos de cultivo separados por muros de piedra seca, una cuadrícula irregular que me genera la sensación de haberme teletransportado de vuelta a Galicia. 

Serreta Terceira Azores

Una sensación que se ve alimentada por la cantidad de vacas que pastan tranquilamente en las fincas. Dicen que en Terceira hay más vacas que personas, que los productos lácteos siguen constituyendo uno de sus principales motores económicos. Y desde luego es fácil creérselo mientras atravieso los verdes campos que me llevan hasta el pueblo de Serreta. 

Serreta Terceira Azores

No es una población muy grande, tan solo un puñado de casas blancas distribuidas sin orden aparente al borde del océano. Podría confundirse con un pueblo de cualquier otro rincón del mundo si no fuera por unos pintorescos edificios que destacan entre el conjunto, decorados con alegres colores y una especie de corona en su cúspide. 

Serreta Terceira Azores

Se trata de los singulares Imperios do Espírito Santo de Terceira, locales en torno a los que se organizan unas peculiares celebraciones en las que un sacerdote nombra emperador a uno de los habitantes del pueblo, que recibe un cetro y una corona de una bandeja de plata en una ceremonia que se completa con una comida multitudinaria y una fiesta taurina. 

Imperios do Espírito Santo de Terceira Azores
Imperios do Espírito Santo de Terceira Azores

Ti choa

Pero yo no he venido hasta Serreta por sus imperios. Lo he hecho porque me han recomendado un restaurante donde probar la comida tradicional de la isla, un lugar llamado Ti Choa que según me han contado mantiene esa autenticidad tan difícil de atrapar en estos tiempos de masificación turística.

Ti choa Terceira Azores
Ti choa Terceira Azores

Desde fuera parece una casa más, pero el sobrio exterior da paso a un interior decorado con esmero a partir de utensilios dejados por las generaciones pasadas. En las repisas de las paredes cuelgan las viejas vajillas, antiguas cafeteras y cacerolas se exponen como objetos de museo junto a historiados relojes… Solo una vitrina con billetes llegados de todas partes desentona en el conjunto, demostrando el carácter cosmopolita de esta casa de comidas que seguramente habrá alimentado a viajeros de medio mundo. 

Ti choa Terceira Azores
Ti choa Terceira Azores

La cocina del restaurante confirma la calidez que transmite la sala. Especialidades tradicionales en una carta basada en las carnes donde reina la alcatra, un guiso de cortes selectos de ternera cocinados lentamente en un recipiente de barro y acompañados por pan dulce, que disfruto con calma maridándola con un vino del norte de la isla. Una comida excelente que me deja amodorrado y me hace alargar la sobremesa…

De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas

Aunque no me puedo permitir pasar la tarde en Serreta, me queda mucho que ver en Terceira y muy poco tiempo para hacerlo. Le pido al camarero que me recomiende una ruta de senderismo para bajar la comida y siguiendo su consejo me acerco hasta la Lagoa do Negro, una pequeña masa de agua situada en el extremo de un tupido bosque, que parece marcar la frontera con una nueva región bien diferenciada de la isla. 

De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas Terceira Azores
De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas Terceira Azores
De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas Terceira Azores

Siguiendo la ruta que me han recomendado pronto me veo rodeado por altos troncos cubiertos de musgo, en un paseo tranquilo que una vez más me da la impresión de haber atravesado un portal hacia latitudes más septentrionales. Cada poco aparece un desvío que me tienta, opciones para viajeros con más tiempo que yo: la Ruta de los Misterios Negros, la Gruta do Natal, el ascenso al Pico Gaspar… 

De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas Terceira Azores
De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas Terceira Azores
De la Lagoa do Negro a la Lagoa das Patas Terceira Azores

Todos tendrán que quedar para otra ocasión, hoy solo me permito continuar hasta la Lagoa das Patas, otra pequeña masa de agua rodeada de árboles en la que nadan plácidamente varios grupos de aves acuáticas. El lugar tiene un aura de tranquilidad que invita al descanso, pero me doy cuenta de que la tarde ya está avanzada y a este paso me voy a quedar sin tiempo para la impresionante capital de Terceira, la histórica Angra do Heroísmo. 

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Angra do Heroísmo

Hago el camino de vuelta lo más rápido que puedo, pero aun así se cumplen mis temores y para cuando llego a Angra do Heroísmo ya ha caído la noche. Maldigo mi alargada sobremesa, pero no me resigno a esperar al día siguiente para descubrir esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, parada estratégica en las viejas rutas comerciales entre América, la India y Europa, donde recalaban los barcos cargados con oro o especias tras varias semanas de travesía sin tierra a la vista. 

Angra do Heroísmo Terceira Azores
Angra do Heroísmo Terceira Azores
Angra do Heroísmo Terceira Azores

Me doy una ducha rápida en mi hotel y salgo a caminar por las vacías y silenciosas calles empedradas de la capital de Terceira. La arquitectura me recuerda a las ciudades del Portugal continental, quizá con más notas de color de lo habitual: cada poco me cruzo con un vistoso imperio como los que descubrí en Serreta, también con coloridos palacios y templos como el de la Misericordia, que frente al puerto me sorprende con su fachada azul claro y sus dos torres que se funden en la noche. 

Angra do Heroísmo Terceira Azores

La ciudad me atrapa, decido alargar el paseo hasta tarde y adelantar el despertador de la mañana, ya tendré tiempo para dormir en el avión de regreso. Así que solo descanso unas horas antes de volver a unas calles que continúan prácticamente vacías, permitiéndome disfrutar de un paseo solitario hacia el monte Brasil, la verde península que salvaguarda el puerto de la ciudad. 

Una península que es en realidad el resultado de una erupción submarina, hogar de antiguas fortalezas y el punto que he escogido para despedirme de Terceira antes de tirar hacia el aeropuerto. Desde el Pico das Cruzinhas contemplo la llamativa silueta del monte Brasil a un lado, al otro la impresionante panorámica de la ciudad de Angra do Heroísmo y su bahía. Pienso en los secretos me habrán quedado por desvelar después de mi breve excursión por esta isla en el medio del Atlántico. Y me prometo que cuando vuelva, que volveré, me aseguraré de reservarle el tiempo que se merece. 

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