Las 6 (+1) mejores experiencias en los alrededores de Funchal

Marcos González Penín
Fotografía: Pío García

Mi paso por el carnaval de Funchal, además de buenos recuerdos y una leve resaca, me consiguió mi primer amigo madeirense, un jardinero jubilado con el que compartí un par de vinos mientras trataba de sonsacarle sugerencias para los días que me quedaban en Madeira. 

Punta San Lorenzo Madeira

Fue poco más de media hora de cháchara, pero me llevé como trofeo una servilleta garabateada con los planes que me sugirió mi nuevo compadre, un valioso documento con las 6 (+1) mejores experiencias en los alrededores de Funchal. Al menos si nos fiamos del criterio de un jardinero jubilado madeirense. 

Fortaleza do Pico, vigía contra corsarios

La primera recomendación pone a prueba mis piernas, llevándome por una empinada cuesta hasta la fortaleza de São João Baptista do Pico, en busca de impresionantes vistas de Funchal y su bahía. Un panorama que hoy observo con calma, pero que en su día otros otearon con nerviosismo, vigilantes ante un posible ataque pirata como el que saqueó la ciudad a finales del siglo XVI y que motivó en gran medida la construcción del fuerte.  

Fortaleza do Pico Madeira

Una √©poca de corsarios y comerciantes a la que me transporto visitando el cercano museo Quinta das Cruzes, residencia vinculada a los antiguos capitanes donatarios de Funchal que conserva mobiliario de los siglos XVI a XIX, porcelanas de la Compa√Ī√≠a de las Indias‚Ķ

Teleférico de Monte, ascenso hacia el cielo de Funchal

La segunda experiencia recomendada por el jardinero me llevará de nuevo a las alturas, aunque esta vez el ascenso será bastante más llevadero. Parto hacia las colinas de Monte tomando el moderno funicular que vino a sustituir al tren de vapor que cubría la ruta a principios del siglo XX, desmantelado después de varios accidentes. 

Teleférico de Monte Funchal Madeira

Es un vuelo sosegado que recorre más de tres kilómetros y salva un desnivel de quinientos sesenta metros, en el que el entorno urbano va dando paso poco a poco a las verdes laderas, siempre con el azul del mar como telón de fondo. 

Teleférico de Monte Funchal Madeira

Nossa Senhora do Monte, tumba del imperio austro-h√ļngaro

Una travesía por los cielos de Madeira que me deja en un pueblo salpicado de vegetación y vistas de la bahía, hogar del venerado santuario de Nossa Senhora do Monte. 

Nossa Senhora do Monte Funchal Madeira

Se trata de un templo barroco precedido por una escalinata de setenta y cuatro pelda√Īos, t√≠pica estampa portuguesa que, sin embargo, esconde un inesperado fragmento de la historia centroeuropea. La tercera recomendaci√≥n de mi colega de vinos me lleva directo a la capilla norte, donde encuentro el sarc√≥fago negro del √ļltimo emperador del imperio austro-h√ļngaro, un Carlos I que pasar√≠a sus √ļltimos d√≠as en este rinc√≥n del mundo tras verse forzado a abdicar durante la Primera Guerra Mundial.¬†

Nossa Senhora do Monte Funchal Madeira

Carreiros do Monte, vertiginoso descenso para guiris

Salgo del templo pensando en las curiosidades de la historia, bajo la escalinata distraído y me topo de bruces con un grupo de hombres vestidos de blanco, con sombreros tradicionales y botas de goma, que se distribuyen por parejas ante una especie de carros de madera y mimbre. 

Carreiros do Monte Funchal Madeira

Son los famosos carreiros do Monte, que desde el siglo XIX se encargaban de transportar en sus cestinhos a los adinerados residentes de la zona hasta Funchal, en un vertiginoso descenso que ahora reproducen para los nuevos ricos, los turistas que se acercan en busca de una de las estampas m√°s emblem√°ticas de la isla.

Carreiros do Monte Funchal Madeira

La verdad es que yo no tenía pensado probar, me sonaba a sacacuartos para guiris. Pero está anotado en la servilleta, así que finalmente hago de tripas corazón y me lanzo cuesta abajo a toda velocidad por las carreteras de Madeira, poniendo mi vida en manos de dos habilidosos conductores que consiguen mejorar el tiempo del teleférico que me subió hasta Monte. 

Cabo Gir√£o, el gran acantilado madeirense

Antes de darme cuenta estoy de nuevo en Funchal, preparado para seguir tachando experiencias de mi lista. Aunque esta vez no habrá teleféricos ni cestinhos, solo un conocido y confiable coche de alquiler que me llevará siguiendo la costa hasta uno de los acantilados más altos del mundo. 

Cabo Gir√£o Madeira

Son apenas veinte minutos para llegar al cabo Girão, donde me recibe una plataforma de cristal suspendida sobre un escarpado abismo de casi seiscientos metros, maravilla natural asomada al Atlántico, donde las vistas del océano se combinan con cultivos agrícolas distribuidos en terrazas y una nueva perspectiva aérea de la ciudad que acabo de abandonar. 

Cabo Gir√£o Madeira
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Curral das Freiras, el cr√°ter de las monjas

Pero por impresionante que sea, es solo una faceta del paisaje de Madeira. As√≠ que me apresuro tierra adentro hacia mi sexta recomendaci√≥n, cambiando la inmensidad del oc√©ano por la exuberante naturaleza del interior de la isla. A trav√©s de un largo t√ļnel llego hasta el Curral das Freiras, que subo a contemplar desde el mirador da Eira do Serrado.¬†

Curral das Freiras Madeira

Es el mejor punto para admirar este profundo valle rodeado por monta√Īas, un cr√°ter de un volc√°n hace tiempo extinguido, en cuya base el magma ha sido sustituido por un tranquilo pueblo que debe su nombre a las religiosas que lo utilizaron como refugio durante un ataque corsario.¬†

Curral das Freiras Madeira

Una vista √ļnica que completo acerc√°ndome hasta el pueblo, reponiendo fuerzas con su t√≠pica sopa de casta√Īa, recorriendo con calma sus tiendas de artesan√≠a‚Ķ Reposando satisfecho de haber tachado pr√°cticamente todas las recomendaciones de mi lista.¬†

Porto Moniz, piscinas infinitas al pie del Atl√°ntico

Porque la √ļnica tarea que tengo pendiente no estoy seguro de querer completarla, estoy decepcionado porque con ella mi colega madeirense ha hecho algo de trampa. Yo le hab√≠a pedido recomendaciones para los alrededores de Funchal y resulta que la s√©ptima anotaci√≥n me llevar√≠a hasta el otro extremo de Madeira‚Ķ

Porto Moniz Madeira

Aunque al fin y al cabo, tampoco es una isla tan grande. Así que me subo de nuevo al coche y antes de darme cuenta he atravesado la isla de punta a punta. He llegado a Porto Moniz, famoso por sus piscinas naturales al pie del Atlántico, compuestas de rocas volcánicas donde el mar entra de forma natural, renovando cada poco sus aguas cristalinas. Allí me relajo, contemplo la puesta de sol desde una piscina que es a la vez un océano. Y pienso cuántos rincones le quedarán a Madeira para sorprenderme…

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