Galicia es tierra de nieblas y misterios, de piedras que hablan y montes que guardan secretos. Entre todos esos rincones mágicos, hay uno que brilla, literalmente, con luz propia: los Fachos de A Peneda, una ancestral fiesta de fuego que cada año enciende el monte del mismo nombre, a las afueras de Redondela, cargando de simbolismo y belleza la víspera de San Juan.
El monte de A Peneda, entre la historia y la leyenda
Ubicado en una posición estratégica, el monte de A Peneda ha sido castro, castillo y ermita. Su cima domina el valle del río Verduxo y ofrece una de las mejores vistas panorámicas de la comarca: desde sus alturas, la mirada se pierde entre las suaves colinas de Soutomaior, las aguas tranquilas de la ría de Vigo y los perfiles distantes de Vilaboa. No es de extrañar que este lugar haya sido elegido durante siglos como escenario de rituales y ofrendas.
El mirador y su centinela vegetal
El mirador de A Peneda no es solo un balcón natural: es también un umbral hacia lo sagrado. Desde aquí, el visitante se siente suspendido entre el cielo y el mar, rodeado de un paisaje que mezcla el verdor de los montes gallegos con la azulada profundidad de la ría de Vigo. La vista alcanza incluso las islas del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Illas Atlánticas en los días más despejados.
Pero hay más que vistas. Junto a la ermita que corona el monte, se alza un alcornoque de porte solemne y venerable, probablemente centenario. Este árbol, cuya corteza se utilizó tradicionalmente para la fabricación de corcho, ha sido testigo mudo de rituales, oraciones y celebraciones. La tradición oral dice que bajo su sombra se esconde un tesoro, protegido por mouros y ananos, seres míticos del imaginario gallego.
El alcornoque es símbolo de permanencia, de enraizamiento y de sabiduría ancestral. En las noches de la fiesta de los Fachos de A Peneda, su silueta parece adquirir vida propia al proyectarse contra las llamas de las antorchas. Es, sin duda, uno de los grandes protagonistas del lugar, centro de leyendas y de encuentros.
Para los amantes del turismo de naturaleza, este mirador es también una excelente parada en rutas de senderismo que atraviesan la comarca, ideales para caminar en silencio, respirar aire puro y dejarse envolver por la belleza atemporal del paisaje gallego.
La fiesta del fuego: los Fachos de A Peneda
Desde 1997, gracias a la Asociación Cultural Alén Nós y con el apoyo de entidades locales, los Fachos de A Penedareviven cada año un rito cargado de simbolismo. Se celebra el fin de semana anterior a San Juan y tiene al fuego como protagonista: antorchas, luminarias y hogueras dibujan una estampa onírica en la cima del monte. Esta celebración es una evocación de los antiguos rituales con los que nuestros antepasados buscaban protección frente a enfermedades, malos espíritus o el desamor.
Durante la festividad, los asistentes recorren el monte en procesión, encendiendo fachos (antorchas) como símbolo de purificación. Todo el entorno se transforma en un escenario casi teatral, donde la naturaleza, la historia y la magia se entrelazan. La música tradicional gallega, interpretada con gaitas y tambores, acompaña la caminata nocturna mientras los participantes entonan cánticos y realizan pequeñas representaciones simbólicas cargadas de misticismo.
No faltan las invocaciones populares, los conjuros de buena suerte ni los cuentos que alimentan la tradición oral. Algunos asistentes llevan prendas viejas para quemar en señal de renovación, mientras otros, más osados, se atreven a formular deseos en voz alta frente a las llamas. Además, se suelen realizar talleres de construcción de antorchas, exposiciones etnográficas y actividades pensadas para todas las edades, fomentando así la transmisión cultural entre generaciones.
El evento se ha consolidado como una referencia del turismo cultural en la provincia de Pontevedra, atrayendo cada año a centenares de visitantes interesados en vivir una experiencia auténtica, íntimamente ligada al paisaje, al patrimonio y al alma ancestral de Galicia.
Naturaleza y turismo en los alrededores
Más allá de la fiesta, el monte de A Peneda es también un atractivo destino turístico para quienes buscan viajar con sentido. Los senderos que lo rodean permiten adentrarse en un ecosistema rico en biodiversidad: helechos, carballos, fuentes escondidas y caminos que conectan con otros enclaves históricos como el castillo de Soutomaior o las salinas de Ulló.
Además, Redondela, con su patrimonio ferroviario, su vínculo con los Caminos de Santiago y su proximidad al mar, ofrece múltiples oportunidades para el turismo cultural, natural y gastronómico. Viajar a esta tierra es descubrir que cada piedra tiene memoria y cada monte, una historia que contar.
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